Los perros, como todos los cánidos, se comunican a través de tres grandes grupos de señales ( hay que resaltar que una señal solo puede ser considerada como tal cuando es capaz de modificar la conducta de quién la recibe ) :
- Vocalizaciones.
- Expresiones faciales.
- Expresiones corporales.
Dentro del primer grupo distinguimos el ladrido, el gemido y el gruñido. El primero es heredado de su antepasado el Lobo, si bien es verdad que este solo lo utiliza en su etapa infantil ya que, cuando un lobo llega a adulto deja de comunicarse de esta forma para utilizar el aullido. Los perros, sin embargo, mueren ladrando y parecen lobos que nunca alcanzarán la madurez.
El gruñido si es común a todos los cánidos y puede ser considerado como una señal de baja intensidad o como el primer paso de una secuencia .
Las expresiones faciales del perro son básicas en cuanto que sus músculos no están tan adaptados a la expresión como los nuestros.
En las expresiones corporales si contemplaremos un amplio abanico de señales que, unidas a las faciales y vocalizaciones, forman un completo diccionario de lenguaje canino.
Los ladridos pueden clasificarse por su tono en:
- Roncos o bajos.
- Normales o medios.
- Agudos o altos.
Por su intensidad:
- Alta.
- Baja.
- Media.
Por el timbre:
- Secos.
- Prolongados.
- Aullidos.
Así, un ladrido puede ser ronco, alto y seco para mostrar, en este caso, la decisión de pelear o defenderse. Los gemidos y gruñidos pueden ser encuadrados entre los ladridos ya que pertenecen al mismo grupo de comunicación fónica de tal forma que, un gruñido ronco, profundo y mantenido suele ser el aviso de una posible defensa sobre todo, si va acompañado de una descubierta de colmillos y/o un erizamiento de las cerdas dorsales. Los gemidos suelen ser utilizados como funciones sociales y expresiones de dolor o alegría. Son las expresiones menos evolucionadas dentro de las comunicaciones de vocalización. Así, unos gemidos acompañados de movimientos horizontales de rabo indican siempre alegría o ganas de jugar.