Si existe un San Bernardo y un místico perro de rescate, ese es Barry I (el oso) que nació en mayo de 1800 y murió en 1814. Barry fue un perro excepcional que durante sus 12 años de actividad de rescate salvo mas de 40 vidas, y según dicen por iniciativa propia. Cuando intuía que algo no marchaba bien, el solo emprendía el camino hacia la persona que precisaba ayuda y si por el mismo no podía hacer nada, corría en busca de los monjes y los llevaba al sitio exacto para que socorrieran al herido.
En 1812, un monje decidio llevárselo a su casa para que pasara tranquilamente sus últimos años. A su muerte, su cadáver fue entregado al Museo de Historia Natural de la Universidad de Berna, donde fue disecado y como señal de gratitud su cuerpo fue embalsamado y expuesto en el museo de Berna ( aunque desde hace mas de una década su cuerpo ha sido retirado y en su lugar existe una estatua que le recuerda) . Igualmente en diferentes países existen monumentos a este gran perro tan especial, que a diferencia de lo que se cree, no murió en acto de servicio, si no retirado, cuando su avanzada edad dio a comprender a los monjes que Barry ya no debía desempeñar su trabajo por obvias razones.
“Barry”, que significa “osito” en dialecto bernés, fue un nombre muy común entre los perros del Hospicio, y parece que en un principio los monjes empleaban la palabra para referirse genéricamente a todos ellos. A principios del siglo XX, otro “Barry” (conocido como “Barry II”) alcanzó una fama similar a la de su antecesor, y cuando murió ahogado en el lago fueron muchos los museos europeos que solicitaron su cadáver para exponerlo con todos los honores; pero el agua lo había deteriorado tanto que resultó imposible disecarlo. Quien sí está disecado es “Barry III”, muerto al caer por un barranco en 1910 y expuesto actualmente en el museo del Hospicio.
Ya llamado por aquel entonces “Barry-Hund”, y el legendario “Barry” se convirtió en el símbolo del perro de rescate. Los antepasados directos del perro de San Bernardo fueron los muy extendidos perros de gran tamaño, de campesinos de la región. Estos perros de gran tamaño se convirtieron en pocas generaciones, siguiendo un patrón ideal, en la raza actual. Heinrich Schumacher de Holligen, cerca de Berna, fue el primero, en 1.867 en crear documentos genealógicos para sus perros. En febrero de 1.884 se abrió el “Schweizerische Hundestammbuch (libro de raza suizo, SHSB). La primera anotación fue la del perro de San Bernardo “León”, a la que siguieron otras 28 anotaciones también de perros de San Bernardo. El 15 de marzo de 1.884 se fundó el “Schweizerische St. Bernhardsclub” (Club Suizo del perro de San Bernardo) en Basilea. A raíz de un congreso cinológico internacional celebrado el 2 de junio de 1.887, el perro de San Bernardo fue reconocido oficialmente como raza suiza y el estándar de la raza se convirtió en obligatorio. Desde entonces el perro de San Bernardo se convirtió en el “perro nacional suizo”.
La reputación del perro de rescate sobrevive. En el museo, libros, pinturas, publicidad, sellos, botellas y chocolate dan testimonio de la imagen duradera del sabueso. Y como la ballesta, Barry ha venido para simbolizar todas las cosas relacionadas con Suiza.
El San Bernardo es admirado en todo el mundo por sus proezas de rescate en Los Alpes suizos. Su coraje y habilidad son narradas en leyendas desde hace más de doscientos años.
Se cree que el San Bernardo desciende del moloso, linaje original de los mastines llevados a los Alpes por los romanos hace unos 2,000 años. La raza lleva el nombre de Bernardo de Mentón, fundador de un hospicio construido en un remoto cruce alpino en Suiza hace casi mil años para refugio de quienes viajaran por la zona. Los monjes bernardinos criaron el perro para desarrollar sus habilidades de guardián, guía y tiro. No se sabe cuándo se le empezó a emplear en actividades de rescate, aunque probablemente haya sido durante el siglo XVII. A esta raza se le atribuye el mérito de haber salvado la vida de más de 2,500 personas .
