Esta es la historia de Moro , el perro mensajero de la Muerte o el perro de los entierros .. el perro cuyo sexto sentido era predecir y oler la muerte , del que todos temian y se alejaban … Una historia singular y jamas vista , una historia de lo mas alla ..
Sucedio en un pequeño pueblo de Cordoba (España ), llamado Fernan Nuñez en el comienzo de los años 70ta . Moro fue un perro vagabundo , un pastor aleman negro con un desagradable (dicen) ojo blanco en su cara. Era un perro callejero que nadie sabe muy bien como llegó al pueblo. No tenia dueño , ni hogar .. Según cuentan , lo dejaron abandonado en un bar de la carretera unos camioneros que pasaron por allí. Otros dicen que lo vieron por primera vez debajo de un olivo, junto al cadáver de un vagabundo que bien pudiera haber sido su dueño. El vagabundo murió sólo, y el perro estuvo todo el tiempo al lado de él, e incluso lo acompañó en su funeral y entierro.
Moro era desaliñado y delgaducho. Una anciana se apiadó de él y de vez en cuando le ponía comida en la puerta de su casa… Una noche Moro pasó toda la noche auyando frente la puerta de dicha señora y a la mañana siguiente el alguacil del pueblo extrañado entró en la casa y se encontró el cadaver. El perro continuó en el umbral de la puerta llorando y auyando durante todo el velatorio. Cuando la comitiva salió de la casa en dirección a la iglésia, Moro se colocó entre el feretro y los familiares. Y de la iglésia al cementerio lo mismo. Moro pasó la noche velando el cuerpo. A los pocos dias Moro montó un buen escandalo frente a una casa en la que había una joven gravemente enferma… esa misma noche la chica murió y el perro hizo el mismo trayecto hasta su entierro ..


Y asi la historia se repitio hasta 600 veces … Moro acudía a todos los entierros que se producían en el pueblo. Se presentaba en la casa del fallecido y esperaba que la comitiva se iniciara para acompañarla hasta la iglesia, y de ahí al cementerio. Este recorrido se hacía antiguamente a pie, y siempre se situaba justo detrás del féretro y delante de los familiares. La leyenda dice que esto ocurría aunque el fallecido viniera trasladado de otro lugar para ser enterrado en el pueblo. El esperaba ya en la casa … El animal incluso se acercaba hasta la carretera y más de una vez lo encontraron sentado al borde la misma, esperando. Al poco rato siempre aparecía por la misma un coche fúnebre. Moro percibía la muerte, y podía esperar delante de la casa del moribundo a que falleciera. El perro acudió a todos los entierros que acontecieron en la localidad cordobesa de Fernán Nuñez, no se perdió ninguno.

Moro asustaba a la gente , hacian todo lo posible para alejarlo de sus casas, en más de una ocasión intentaron echarlo del pueblo. Al menos, que se sepa, en dos ocasiones lo metieron en camiones de transporte sin que lo supieran los conductores. En la primera ocasión, Moro acabó en Granada. En la segunda terminó en Ciudad Real. Pero en ambas ocasiones, a los pocos días, Moro volvía a aparecer en el pueblo por su propia pata.

La gente aterrorizada intentaba explicar su comportamiento . Algunos decían: Claro es que el perro ve mucha gente, huele comida, y por eso se acerca. ¿Pero y porqué no lo hacía en bautizos, bodas o similares en los que también había ese trasiego? Otros decían que al haber estado tanto tiempo al lado de un cadáver, se le había quedado profundamente grabado el olor de la muerte , y el sentido olfativo de un perro hacía el resto. Añadamos los sonidos de llantos, y quizás tengamos una explicación razonable.

La única vecina del pueblo, una señora llamada Carmela , quien le puso el nombre de Moro, capaz de acercarse al animal durante varios años y alimentarlo fue la que por primera vez lo vio en un entierro de un familiar. Desde entonces, lo acogió, por la compañía que en aquel momento tan duro le dio .También fue ella la que asistió en sus últimos momentos . Moro murió en el año 1.983 como consecuencia de una brutal paliza que le propinaron unos desalmados del pueblo . Dicen que eran familiares de una niña muy enferma y descargaron toda su furia contra él cuando la niña murió y éste esperaba y auyaba en el umbral de su casa. Alguien anunció a Carmela que había un perro aullando en “El llano de las Fuentes”, como si estuviera agonizando. Cuando llegó, al animal apenas le quedaba aliento de vida. Ella le dio agua, refrescó su cuerpo y lo abrazó. Después de cruzar sus miradas, “Moro” falleció. Varios hombres cavaron una fosa junto a unos paredones, en el lugar llamado las “Huertas Perdidas”. Transcurrido algún tiempo esos muros se derrumbaron inexplicablemente sobre la tumba del animal, como queriendo constituirse en mausoleo de tan singular criatura.

- “Moro” – según diría Carmela- , tenía algo que era sobrenatural.

Doce años después de ser salvajemente apaleado hasta su muerte, fue inaugurado en Fernán Núñez un monumento en el Parque de las Fuentes. Juan Polo, el artista que realizó la escultura, reflejó la tristeza, la paz y la bondad de un animal que ha entrado por mérito propio en el mundo de la leyenda. Se dice que, aún hoy en dia, cuando un lugareño es enterrado en el cementerio municipal, los auyidos y llantos del perro Moro se escuchan por todo el pueblo…. su pueblo.

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